miércoles 23 de abril de 2008

TALLER LABORAL PARA DISCAPACITADOS

El trabajo “Caserito” como puente hacia la integración social


Desde hace dieciséis años funciona en General Cabrera un Taller donde los discapacitados que finalizan la escolaridad, realizan actividades laborales y de recreación. Los “Caseritos” elaboran productos de panificación que comercializan en un supermercado local. Trabajo, integración y reconocimiento son los ejes de un proyecto ciudadano que ya ocupa un lugar importante en la actividad comercial de la ciudad.

Según la Dirección de Protección Integral de las Personas con Discapacidad, en la Provincia de Córdoba el 8% de la población posee esta característica. La sociedad muchas veces les impide a los discapacitados desenvolverse normalmente en muchos de los aspectos de la vida cotidiana. Más allá de los conocidos problemas arquitectónicos –que les problematiza la movilización- la gente con capacidades especiales deben lidiar a la hora de salir a conseguir un trabajo. Mucho más compleja es la situación, si se trata de crear los espacios apropiados para que puedan desarrollar actividades laborales. Esto, pese a que existe una Ley Nacional (la 24.147) que les otorga el derecho a crear Talleres Protegidos de Producción con ayuda económica estatal y beneficios impositivos.

El taller laboral para discapacitados “Caseritos” de la ciudad cordobesa de General Cabrera puede darse el honor de ser uno de esos pocos espacios en los que se les brinda una oportunidad de trabajo. Lidia Ortiz, supervisora del área panificación, relata la complejidad que implica llevar adelante la empresa: “En casos como este la organización tiene que autofinanciarse y eso es muy difícil. Por eso no hay grandes talleres laborales para discapacitados, son muy pocos”.
Belén Valek, Licenciada en Educación Especial y coordinadora general del taller, explicó que los objetivos de la organización tienen que ver con la “inclusión social del discapacitado en la sociedad, de acuerdo con lo que sus intereses y aptitudes le permiten a cada uno. Al trabajar ellos se sienten útiles, y cobran un dinero por esa actividad que realizan”. En Caseritos trabajan con diferentes niveles de discapacidad: síndrome de down, los tres niveles de retraso (mental, leve y moderado), problemas motrices, sordera y autismo.

El inicio del proyecto
Hace 16 años, un conocido periodista de General Cabrera planteó la posibilidad de generar un espacio donde los alumnos de la escuela especial pudieran realizar diferentes actividades una vez que egresaban. La convocatoria logró formar un grupo que organizó actividades recreativas y armó una huerta en un terreno cedido por la municipalidad. Luego surgió la idea de la panificadora. La comisión decidió realizar un convenio con Cotagro, un supermercado local, para que el comercio se realice en sus instalaciones. Esta compañía, además de la góndola, les cede la materia prima y los apadrina, mientras que otras firmas locales donan los huevos y el aceite. “Es decir que la ganancia que tenemos nosotros en Caseritos es de casi un 100%” dijo la coordinadora, Belén Valek.

El trabajo como factor de integración
“Lo más importante de todo esto es la integración social. Había un montón de ellos que aunque no lo creas, no conocían el centro de la ciudad. Ahora se sienten reconocidos con esto de los Caseritos” comentó Belén Valek. Lidia Ortiz, en el mismo sentido, explicó que lo crucial es que la actividad realizada en el Taller “es una salida laboral para los discapacitados” y les permite aprender a defenderse en la vida cotidiana.
“Es un trabajo constante y te tiene que gustar. Yo siempre digo: el que está trabajando ahí tiene que hacerlo porque ama estar con ellos y no por el dinero que va a ganar, porque es mínimo. Caseritos es una lucha constante, pero siempre tiene que haber alguien que luche por los discapacitados. Es algo hermoso, uno se siente totalmente feliz, porque el ellos te dan un amor que no te lo da ninguna persona considerada ‘normal’. Si es que las hay”.

viernes 18 de abril de 2008

LO NUEVO

Me cachaste. Finiquitamos. Me quiero cortar las venas con un grisín. Vergüenza es robar. Regio. Te arrastra el ala. Buen mozo. Compadrón. Estás afilando. Se apalomó. Cuál es tu gracia. Es un potro. Me concede una pieza. Cantinero. Módica suma. Del año del ñaupa/mi tía catalina/botón bumbula. Macanudo. Coqueta. Piltrafa. Parranda. Pordiosero. Don nadie. Asalto. Le chifla el moño. Haceme la gauchada/gamba. Atracar. Esto es un viva la pepa. Cháchara. Caído del catre. Un tiro al aire. Mozear. Es un churro. Le dio un patatús. Es un martes 13. A la buena de Dios. Santo remedio. Nido de víboras. Dios no lo permita. Revoleó la chancleta. Si Dios quiere. Dios mediante. Quién te festeja.



** escucho sugerencias!!!


Y vino la mamá de Jerabek!



jueves 10 de abril de 2008

PADRES EN LA RUTA


Controlar y prevenir, para cuidar la vida de los jóvenes

Cada fin de semana, alrededor de diez mil padres argentinos salen a las rutas durante la madrugada a proteger la vida de sus hijos. Equipados con chalecos, alcoholímetros, conos y demás elementos, realizan el control de alcoholemia en las carreteras, a fin de prevenir tragedias viales provocadas por el consumo de alcohol al volante.

A nivel nacional se los conoce como “Padres en la ruta” y nacieron como organización hace once años en General Deheza, una pequeña ciudad de interior cordobés. Raúl Malatini, pionero del proyecto y hoy Coordinador General de la organización a nivel nacional, recordó los comienzos. “Yo lancé la invitación en 1997 desde el programa de televisión que en ese momento hacía en Deheza, a consecuencia a una tragedia local que le había costado la vida a cinco chicos. No sabía muy bien qué hacer, pero la idea fue juntarnos. Un miércoles de marzo planteamos el tema de los controles de alcoholemia, ya que en la mitad de los accidentes de tránsito está presente el alcohol. Ese mismo viernes salimos por primera vez a la ruta, y al mes siguiente, Cabrera formó su propio grupo también”.
El 16 de abril de 1997 se formó el grupo de padres de General Cabrera. Junto a los de Deheza son los más antiguos del país. Los cabrerenses realizan el control vehicular en la ruta nacional 158 -eje natural del Mercosur y por la cual circulan más de 4500 vehículos diarios- los sábados entre las cuatro y las siete de la mañana. La organización se conforma allí con ocho coordinadores y más de 400 papás voluntarios que están empadronados. “No es una comisión, es un grupo que trabaja siempre coordinadamente” aclaró Mari Perucco, una mamá que forma parte del grupo desde hace siete años. Empezó como lo hace la mayoría de los miembros: primero se anotó para colaborar como voluntaria y finalmente quedó como coordinadora. Graciela Rivera, otra mamá coordinadora comentó que entró hace once años. “Lo hice porque me mandó el corazón, a raíz del accidente de los cinco jóvenes en Deheza, de gente conocida, hijos de amigos” agregó.

Trabajar para prevenir

El trabajo de los Padres Autoconvocados consiste básicamente en medir el grado de alcohol en sangre que tienen los conductores. Para realizar la tarea, los acompaña la Policía de Tránsito, que se encarga de detener al vehículo y examinar con el alcoholímetro el índice de alcoholemia de la persona. Si está alcoholizada, se la ubica en un lugar y ahí comienza el trabajo de los Padres. “Conteniéndolos, invitándolos con un café, la cuestión es que pasen el momento hasta que se les vuelve a hacer una prueba” explicó Mari Perucco. Si esa prueba indica que la persona está en condiciones de conducir -dentro de los límites que permite la ley- puede continuar.
En el caso de que el conductor continúe en estado de ebriedad, se le aplica una multa, medida que se introdujo 9 meses atrás en General Cabrera junto a la policía local. En cambio, en la ciudad de General Deheza la multa es redimible por trabajo comunitario, por ejemplo, realizar el alcotest o “estar del otro lado de la vereda”, como lo sugirió Raúl Malatini. El coordinador nacional y miembro del grupo de Deheza, no está de acuerdo con el cobro de multas. Puesto que, según él mismo explicó, para que se pueda tomar esta medida los alcoholímetros deben estar homologados y la prueba final debe ser un análisis de sangre. Ese tipo de alcoholímentros prácticamente no son utilizados en Argentina debido a su enorme costo, por eso en esa ciudad sólo se manejan con trabajo comunitario.
El subcomisario de la policía de General Cabrera, Guillermo Moll, se mostró conforme con los resultados del trabajo conjunto entre la policía y los Padres Autoconvocados: “Hemos logrado bajar el índice de alcoholismo en sangre en las rutas. En los últimos 9 meses bajó un 97% el índice de accidentes en la región” aseguró.
La Intendenta de General Cabrera, Carolina Eusebio, dijo que desde su administración se les da a los Padres Autoconvocados un “total apoyo”. “Incluso creo que el municipio debe llegar a más en este tema y no sólo apoyar a los padres en la tarea sino también aplicar la multa” agregó la funcionaria.

El “efecto contagio”

Raúl Malatini, como Coordinador General de Padres en la Ruta, recorre el país de manera solidaria organizando otros grupos de padres que tengan la misma preocupación y voluntad de trabajo. Además centraliza la información para achicar las enormes distancias geográficas que separan los distintos grupos, que son hoy en día alrededor de 200, sumando unos diez mil voluntarios. Malatini dijo, orgulloso: “Somos el único grupo adulto aceptado por los jóvenes. Saben que la contención y la puesta de límites es amable pero inflexible”.
“Hacemos esta trabajo por pura solidaridad, contención, prevención. Y fundamentalmente amor. Para potenciar este parche gigantesco que hemos creado, que sirve y fundamentalmente salva vidas” aseveró Malatini. “Nos juega en contra una cosa muy absurda pero real: nunca vamos a saber cuántos hemos salvado en estos once años” dijo. Explicó que esa es la razón por la cual muchas veces no se valora el trabajo de Padres en la Ruta o Padres Autoconvocados. Pero a él no le importa demasiado: “Si sabemos que si salvamos una sola vida se justifica ampliamente nuestro trabajo de once años de vigilia en las rutas”.
En materia educativa y preventiva, los distintos grupos del país se asesoran mutuamente en los congresos. “Las ganas de hacer cosas llevan a que nos contactemos entre nosotros y busquemos la forma de irnos copiando” explicó Mari Perucco. Pero para hacer el trabajo completamente, necesitan el aporte de los padres. En este aspecto, Graciela Rivera expresó que los papás deberían observar en qué condiciones sus hijos salen de los boliches. “A veces los papás no se dan cuenta que los fines de semana los chicos no llegan a sus casas normalmente, y con un vehículo en mano eso es una bala suelta” advirtió.
Pero no sólo en ese aspecto tendrían que colaborar los padres: también deberían hacerlo sumándose al trabajo voluntario del grupo. Porque, en definitiva, estas personas están cuidando la vida de sus hijos y de los jóvenes en general. Graciela Rivera llamó a la acción: “Necesitamos que se sumen más padres. Tomemos conciencia que nosotros no estamos acá por azar, sumémonos para trabajar y ayudar a nuestros hijos”.

Un aporte incalculable


Un papá voluntario de la ciudad de General Cabrera, Sergio Giorgetti, opinó que “el solo hecho de que haya disminuido notoriamente la cantidad de accidentes deja en claro que dan resultado los controles de alcoholemia”. Y agregó: “Si bien no podemos decir que el índice ha bajado a cero, ha mermado y eso es lo importante”.
La mayoría de las fuentes consultadas coincidió en que el trabajo que los fines de semana estos padres realizan en la ruta, bajo condiciones climáticas muchas veces adversas, y en horarios de la madrugada, es prácticamente impagable. “Cuando el movimiento de padres muere en cualquier lugar de la Argentina donde exista, empiezan a morir los chicos. Esto es duro y cruel, pero es la verdad” reflexionó Raúl Malatini. Por eso los Padres Autoconvocados seguirán con su tarea si continúa siendo necesaria, y si las autoridades no lanzan un plan de seguridad vial “perseverante, serio y responsable, que prevenga y concientice realmente”. “Si eso sucediera –dijo Raúl- en vez de ser padres en la ruta, seríamos padres en la cama”.

viernes 4 de abril de 2008

Bicho raro...

Navegando en Internet, encontré esta compilación de
monumentos raros. Para no perderselos, están buenísimos, pero... ¿Qué querrán significar? Como sea, ahí van






















FUENTE: www.meneame.com