El trabajo “Caserito” como puente hacia la integración socialDesde hace dieciséis años funciona en General Cabrera un Taller donde los discapacitados que finalizan la escolaridad, realizan actividades laborales y de recreación. Los “Caseritos” elaboran productos de panificación que comercializan en un supermercado local. Trabajo, integración y reconocimiento son los ejes de un proyecto ciudadano que ya ocupa un lugar importante en la actividad comercial de la ciudad.
Según la Dirección de Protección Integral de las Personas con Discapacidad, en la Provincia de Córdoba el 8% de la población posee esta característica. La sociedad muchas veces les impide a los discapacitados desenvolverse normalmente en muchos de los aspectos de la vida cotidiana. Más allá de los conocidos problemas arquitectónicos –que les problematiza la movilización- la gente con capacidades especiales deben lidiar a la hora de salir a conseguir un trabajo. Mucho más compleja es la situación, si se trata de crear los espacios apropiados para que puedan desarrollar actividades laborales. Esto, pese a que existe una Ley Nacional (la 24.147) que les otorga el derecho a crear Talleres Protegidos de Producción con ayuda económica estatal y beneficios impositivos.
El taller laboral para discapacitados “Caseritos” de la ciudad cordobesa de General Cabrera puede darse el honor de ser uno de esos pocos espacios en los que se les brinda una oportunidad de trabajo. Lidia Ortiz, supervisora del área panificación, relata la complejidad que implica llevar adelante la empresa: “En casos como este la organización tiene que autofinanciarse y eso es muy difícil. Por eso no hay grandes talleres laborales para discapacitados, son muy pocos”.
Belén Valek, Licenciada en Educación Especial y coordinadora general del taller, explicó que los objetivos de la organización tienen que ver con la “inclusión social del discapacitado en la sociedad, de acuerdo con lo que sus intereses y aptitudes le permiten a cada uno. Al trabajar ellos se sienten útiles, y cobran un dinero por esa actividad que realizan”. En Caseritos trabajan con diferentes niveles de discapacidad: síndrome de down, los tres niveles de retraso (mental, leve y moderado), problemas motrices, sordera y autismo.
El inicio del proyecto
Hace 16 años, un conocido periodista de General Cabrera planteó la posibilidad de generar un espacio donde los alumnos de la escuela especial pudieran realizar diferentes actividades una vez que egresaban. La convocatoria logró formar un grupo que organizó actividades recreativas y armó una huerta en un terreno cedido por la municipalidad. Luego surgió la idea de la panificadora. La comisión decidió realizar un convenio con Cotagro, un supermercado local, para que el comercio se realice en sus instalaciones. Esta compañía, además de la góndola, les cede la materia prima y los apadrina, mientras que otras firmas locales donan los huevos y el aceite. “Es decir que la ganancia que tenemos nosotros en Caseritos es de casi un 100%” dijo la coordinadora, Belén Valek.
El trabajo como factor de integración
“Lo más importante de todo esto es la integración social. Había un montón de ellos que aunque no lo creas, no conocían el centro de la ciudad. Ahora se sienten reconocidos con esto de los Caseritos” comentó Belén Valek. Lidia Ortiz, en el mismo sentido, explicó que lo crucial es que la actividad realizada en el Taller “es una salida laboral para los discapacitados” y les permite aprender a defenderse en la vida cotidiana.
“Es un trabajo constante y te tiene que gustar. Yo siempre digo: el que está trabajando ahí tiene que hacerlo porque ama estar con ellos y no por el dinero que va a ganar, porque es mínimo. Caseritos es una lucha constante, pero siempre tiene que haber alguien que luche por los discapacitados. Es algo hermoso, uno se siente totalmente feliz, porque el ellos te dan un amor que no te lo da ninguna persona considerada ‘normal’. Si es que las hay”.
El inicio del proyecto
Hace 16 años, un conocido periodista de General Cabrera planteó la posibilidad de generar un espacio donde los alumnos de la escuela especial pudieran realizar diferentes actividades una vez que egresaban. La convocatoria logró formar un grupo que organizó actividades recreativas y armó una huerta en un terreno cedido por la municipalidad. Luego surgió la idea de la panificadora. La comisión decidió realizar un convenio con Cotagro, un supermercado local, para que el comercio se realice en sus instalaciones. Esta compañía, además de la góndola, les cede la materia prima y los apadrina, mientras que otras firmas locales donan los huevos y el aceite. “Es decir que la ganancia que tenemos nosotros en Caseritos es de casi un 100%” dijo la coordinadora, Belén Valek.
El trabajo como factor de integración
“Lo más importante de todo esto es la integración social. Había un montón de ellos que aunque no lo creas, no conocían el centro de la ciudad. Ahora se sienten reconocidos con esto de los Caseritos” comentó Belén Valek. Lidia Ortiz, en el mismo sentido, explicó que lo crucial es que la actividad realizada en el Taller “es una salida laboral para los discapacitados” y les permite aprender a defenderse en la vida cotidiana.
“Es un trabajo constante y te tiene que gustar. Yo siempre digo: el que está trabajando ahí tiene que hacerlo porque ama estar con ellos y no por el dinero que va a ganar, porque es mínimo. Caseritos es una lucha constante, pero siempre tiene que haber alguien que luche por los discapacitados. Es algo hermoso, uno se siente totalmente feliz, porque el ellos te dan un amor que no te lo da ninguna persona considerada ‘normal’. Si es que las hay”.








