jueves 13 de septiembre de 2007

Seré lo que deba ser

Entré en escena el primer día de octubre del '85, la una ciudad cordobesa a la que el General Cabrera fundó hace 114 años, y llamó igual que el. Soy la ópera prima de un joven matrimonio de recién casados, Lichi y Carlitos, quienes decidieron llamarme Sara por considerar al mío, un nimbre corto y fuerte. Podría contar la historia de mi vida a través de imágenes, ya que mis papás son fotógrafos y veo flashes desde que tengo uso de razón. Por eso, a este relato de mi vida añado la versión icónica (ver "Mi vida en fotos").
En el '87 una actriz de reparto salió a escena conmigo: mi hermana Lula. Y en los menemistas noventas nació Jacobo, el menor de los tres... Soy la primer nieta de parte materna y paterna, y -como si fueran pocos galardones- la primer bisnieta también.
Si hay algo de lo que estoy segura en esta corta vida, es que nací para las letras y no para los números. Tengo una química especial con los textos, me atrapan, me absorben. Pero ojo: absorbo letras pero también las escupo, porque me encanta escribir y sobre todo, hablar. Y eso se manifiesta en lo más profundo de mi inconsciente, porque cuando tengo pesadillas, sueño que quiero contar lo que me pasa, relatarlo, acusarlo, gritar, y no puedo... ¡porque soy muda! Me despierto desesperada. ¿Me estoy callando algo? O ¿me tengo que callar?
Para cerrar esta presentación, quisiera reproducir unas palabras con las que una profesora de secundaria intentó definirme al terminar el ciclo: "Volcán, fuego que abraza. Ellos son apasionados, valientes, osados, tienen confianza en sí mismos. Resisten, conquistan, son independientes. Sienten la sangre correr en las venas celebrando a cada instante la vida. Son intensos, sin medias tintas. Tienen el color vivo del corazón".
Como dice el título de esta biografía, seré lo que deba ser. Ojalá camine por la vida celebrandola a cada instante, con la certeza de no haber desaprovechado un sólo momento. Con la seguridad de haber podido elegir un destino y hacerlo felizmente mio. Como dice el escritor más grande de todos los tiempos Julio Cortázar: "Felices los que eligen, los que aceptan ser elegidos, los hermosos héroes, los hermosos santos, los escapistas perfectos" (Rayuela, página 36, capítulo 3).